UN PUEBLO AL RESCATE

Todo el mundo le conoce y él responde en voz alta y saluda efusivamente. Es corpulento y mira a los ojos sin malicia. Sus manos de roble doblan con fuerza una vara de fresno al calor del fuego. Dice que es mejor trabajar la madera cuando todavía conserva algo de humedad. Se llama Restituto González, tiene 75 años, aunque no los aparenta, y fabrica garrotas. “Con 10 años me enseñó mi padre. Teníamos vacas, ovejas, pero poca cosa”, cuenta Restituto.

Hoy se le ve feliz porque se celebran las octavas jornadas Madarcos ayer y hoy, una fiesta anual organizada entre los vecinos para poner en valor oficios y tradiciones en desuso y, de paso, atraer a gente de otras comarcas. “Empezamos a trabajar con las personas mayores, a conocer lo que ellos habían vivido y comenzanos a organizar talleres de elaboración de queso, pan, chorizo… a la antigua usanza”, comenta Fran Sueiro, un periodista leonés que lleva 10 años como residente y parte activa de la Asociación de Amigos y Vecinos de Madarcos.

La celebración ha ido creciendo y este año el programa va más cargado que nunca: mercadillo de productos artesanos, caldereta popular, talleres y exposiciones (de talla de madera, de extracción de miel, de danzas del mundo, etc) y también actuaciones folclóricas: con repiques serranos, Atresbolillo, una suerte de música castellana fusionada con otros estilos, y un grupo invitado de Galicia, Tiruleque. “Buscamos propuestas de música tradicional, de raíz y cada año traemos grupos de otras provincias como Zamora, Salamanca e incluso Portugal”, asegura Sueiro.

Madarcos aparece hoy como el pueblo más pequeño de la Comunidad de Madrid, en constante alternancia con La Hiruela, otra localidad cercana. Tiene 47 habitantes censados, de los que sólo quedan unos 35 en los meses de invierno. Está a unos 87 kilómetros de la capital, en las estribaciones de Somosierra, al pie del Cerro Majada de la Peña. Tiene una iglesia, un ayuntamiento, un centro multiusos y un bar. El resto lo forman las típicas casas de arquitectura de la Sierra Norte de piedra, pizarra y madera, y el paisaje montañoso, claro.

“La carretera termina aquí. Este no es un pueblo de paso. El que llega a Madarcos es porque se ha perdido o porque viene a quedarse”, explica Eva María Gallego, alcaldesa por el PP de los madarqueños desde las últimas elecciones municipales de mayo. Esta Educadora Infantil de 42 años, que dejó su escuela de niños en Murcia para asumir la alcaldía, confiesa su apego a Madarcos, las calles donde veraneaba con sus padres desde niña. “Me presenté por amor al pueblo y por un compromiso con mi lugar de residencia desde hace ya 13 años”.

Eva María se siente más una portavoz que una regidora al uso. Sobre todo porque Madarcos funciona con un régimen de concejo abierto, un sistema de organización municipal pensado para poblaciones con menos de 100 habitantes, que se rige por asambleas. “Aquí llevamos así toda la vida. Desde los ancianos a los jóvenes, todos toman parte en las decisiones por consenso, con independencia de las ideas de cada uno”, afirma la alcaldesa.

“Mira, hay una política de comunicación que insiste en decir que si el campo se muere, que si la despoblación… pero yo creo que la buena vida está aquí”, apostilla Fran Sueiro. El pueblo, donde la población se ha dedicado en su mayor parte a la ganadería, ha acogido en los últimos años a urbanitas reciclados y gente de mediana edad que ha descubierto en la cultura rural un libro abierto del buen vivir.

“La gente mayor, en los pueblos, ha sufrido durante años un aprisionamiento de su cultura. Sin embargo, estas gentes albergan mucha sabiduría. Han sabido vivir con muy poco y con dignidad. Yo he aprendido mucho de ellos”, confiesa Sueiro. Mientras, en un puesto de la plaza las mujeres ofrecen rosquillas y pestiños, “para costear la fiesta, hijo”, se justifican. Poco a poco, entre los sonidos de las dulzainas, la plaza se va llenando de visitantes. La diversión terminará, como cada edición, en el único bar, donde los vecinos cantarán a los cuatro vientos lo felices que son en Madarcos.

El Ferrocarril
Translozoya 01
Horcajo - Aoslos

Somos un municipio de la provincia y Comunidad de Madrid, situado en el Valle Medio del Lozoya de la Sierra Norte de Madrid

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